El mínimo de Maunder y su relación con la música
¿Es posible que un posible desajuste en el Sol haya influido en la historia de la música clásica? La respuesta es «sí» y a lo largo de este texto veremos tal relación. Todo comienza a mediados del siglo XVII. El Sol entró en una especie de letargo del que a día de hoy poco se sabe de sus causas. A esa etapa se la conoce como «mínimo de Maunder» y se vivió como un periodo de inactividad solar. Una de las consecuencias en nuestro planeta podría haber sido una bajada de las temperaturas que duró décadas.
Qué es el mínimo de Maunder
El fenómeno conocido como mínimo de Maunder abarcó aproximadamente 70 años, entre los años 1645 y 1715. Por supuesto, ese período enmarcado en la vida del Sol no es más que un suspiro. Sabiendo que el Sol tendrá una vida de unos 10.000 millones de años, y suponiendo una vida humana de 85 años, esos 70 años del mínimo de Maunder para el Sol suponen unos 21 segundos en el transcurso de una persona. Es decir, aproximadamente el tiempo que llevas leyendo este párrafo.
Durante este período de 70 años, los astrónomos observaron cómo las manchas solares desaparecieron casi por completo. Volviendo a las comparaciones, en un período de unos 70 años se pueden llegar a contabilizar decenas de miles de manchas solares. Sin embargo, durante el mínimo de Maunder apenas se tuvo constancia de 50 de ellas.

A veces, en ciencia, las respuestas no llegan con la rapidez que nos gustaría. Este es uno de esos casos. Lo que provocó esa atípica disminución del número de manchas solares todavía no se conoce y sigue siendo objeto de estudio. Lo que sí que se sabe son los efectos. Parece ser que el Sol experimentó un bajón drástico en su dinámica interna, reduciendo su campo magnético global y disminuyendo la cantidad de radiación y energía térmica que emitía. Por extensión, nuestro planeta pudo recibir menos energía y menos radiaciones que de costumbre. Precisamente eso es lo que podría haber provocado una destacada bajada de las temperaturas.
Consecuencia: la Pequeña Edad de Hielo
La drástica reducción de la energía solar durante el mínimo de Maunder tuvo consecuencias directas e inmediatas en el clima terrestre. La fase más severa de este fenómeno se cree que pudo ser la conocida como Pequeña Edad de Hielo.
Hay testimonios que describen cómo el hemisferio norte se sumergió en una época de inviernos gélidos y prolongados. Incluso ríos tan caudalosos como el Támesis o el Danubio se congelaban por completo. Esto permitió que se celebrasen por primera vez ferias populares sobre el hielo. En cuanto a los veranos, eran cortos, lluviosos y frescos. Los paisajes y la vida cotidiana cambiaron drásticamente en aquella época.
Impacto biológico provocado por el mínimo de Maunder
Este enfriamiento global alteró profundamente los ecosistemas. A nivel biológico, muchas especies de plantas, cultivos incluidos, sufrieron graves crisis debido a las cortas temporadas de crecimiento, lo que derivó en hambrunas en Europa. También afectó al reino animal; por ejemplo, las aves migratorias cambiaron sus rutas y los glaciares avanzaron, sepultando aldeas enteras en zonas de alta montaña como los Alpes.
Otro impacto biológico, más sutil, quedó registrado en la dendrocronología: la ciencia que estudia los anillos de crecimiento de los árboles. En condiciones normales, el tronco de un árbol crece rápido en primavera y lento en otoño. Esto se manifiesta en el tamaño de los anillos: un anillo ancho y blando primaveral y un anillo estrecho y duro otoñal. Sin embargo, bajo el frío constante de aquella época, los árboles ralentizaron su crecimiento. La consecuencia es que durante el mínimo de Maunder se generaron anillos estrechos, compactos y uniformes año tras año, sin apenas diferencia entre los primaverales y los otoñales.

Lo que ocurrió en el bosque de Paneveggio
Quiero centrarme en cómo afectó el mínimo de Maunder a los abetos rojos del bosque de Peneveggio, en los Alpes italianos. Estos árboles resultan interesantes para la música ya que es de ahí de donde se abastecían los luthiers de la ciudad de Cremona, en Italia, para fabricar sus instrumentos.
Los abetos rojos que crecieron durante las décadas del mínimo de Maunder desarrollaron una madera con una densidad tan homogénea que no tiene precedentes. Por el frío, crecieron tan despacio que la madera de estos árboles era extremadamente compacta, pero a la vez ligera. Esta combinación hoy en día es casi imposible encontrarla en la naturaleza.

El proceso de fabricación de Antonio Stradivari
Con esta materia prima entre manos, el maestro luthier Antonio Stradivari perfeccionó el arte de la lutería en su taller de Cremona. Para ello seleccionó las maderas, utilizando el abeto rojo alpino que creció bajo el mínimo de Maunder para la tapa armónica, la que vibra. Por otro lado, para el fondo y los aros, usó madera de arce. También alargó los modelos de violín tradicionales y modificó las efes de la tapa para mejorar la salida de aire. Por último, aplicaba barnices orgánicos mezclados con tratamientos a base de minerales locales. Así que, además de proteger la madera, estabilizó su elasticidad.
Un sonido único
El sonido único por el que se conoce a los violines que fabricó Antonio Stradivari, los famosos Stradivarius, se explica mediante la física. En un violín común, las ondas sonoras encuentran baches o huecos debido a las distintas densidades de la madera. Sin embargo, la madera que se generó durante el mínimo de Maunder apenas tiene esas irregularidades. Esto es debido a que la diferencia entre los anillos blandos primaverales y duros otoñales, eran mínimas.

En un Stradivarius, gracias a los anillos compactados por el frío, la densidad se puede considerar uniforme a nivel de mecánica ondulatoria. Por otro lado, la madera actúa como un gran conductor acústico: es lo suficientemente rígida para resistir la tensión de las cuerdas y lo bastante ligera para vibrar con el menor roce del arco. Esto genera un sonido con un equilibrio perfecto entre calidez y brillo, capaz de proyectarse con nitidez incluso a grandes distancias.
Curiosidades de los Stradivarius más allá de la madera
Hoy en día, el valor de un Stradivarius trasciende al propio uso del violín ya que se consideran piezas únicas. Así que, por último, me gustaría ofrecer tres datos llamativos sobre estas obras de arte:
- Se calcula que Stradivari fabricó unos 1.100 instrumentos de los que no todos son violines ya que también fabricó violas y violoncelos. De todos ellos se cree que sobreviven aproximadamente la mitad de esas unidades. Las que se conocen, están custodiadas en museos, fundaciones y coleccionistas privados.
- Debido a su escasez y calidad, los Stradivarius en subasta han superado los 15 millones de euros. Por ejemplo, el violín «Lady Blunt» se vendió por casi 16 millones de dólares en 2011.
- Algunos tienen historias que bien podrían ser la trama de una película. Es el caso del Stradivarius «Gibson ex-Huberman», que fue robado dos veces. En la segunda ocasión (1936), el ladrón lo camufló con betún para zapatos y tocó con él en cafés durante 50 años antes de confesar el robo en su lecho de muerte. Hoy pertenece al violinista Joshua Bell.
Referencias
Lockwood, M., Owens, M.J., & Barnard, L. (2014). Centennial variations in sunspot number, open solar flux, and streamer belt width: 2. Comparison with the geomagnetic data. Journal of Geopjysical Research: Space Physics, 119(7), 5183-5192. DOI: 10.1002/2014JA019972 (Ver).
- Antonio Pérez Verde
- 29/08/2026
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Muy interesante!
Muchas gracias, Rubén!!