El escudo de Madrid
Madrid, la capital de España es un lugar reconocido mundialmente. Cultura, gastronomía, deporte o vida nocturna son algunos de los muchos aspectos que la definen. Llevo ya casi veinte años viviendo en ella y siempre me he sentido acogido. Por esta razón, me gustaría adentrarme en la historia de uno de sus elementos más representativos: el escudo de Madrid. Quiero analizar su blasón, es decir, las partes que lo componen. Para realizar una pequeña aproximación, destaca su icónica pareja: el oso y el madroño. Pero si nos fijamos detenidamente, veremos que siete estrellas rodean el borde. Estas siete estrellas han simbolizado históricamente las siete estrellas del Carro de la Osa Mayor.
El escudo de Madrid no ha sido así siempre, sino que se trata de un símbolo que ha estado en constante transformación. Estos cambios han venido propiciados por hechos históricos, identidades políticas y, también, por el imaginario colectivo. Como se verá más adelante, el escudo de Madrid encierra un contexto tanto astronómico como mitológico, algo que lo enriquece y relaciona la ciudad con el cosmos.
Antes del oso y el madroño
Las icónicas figuras del oso y el madroño no aparecen en el escudo desde el principio. En sus orígenes había otros símbolos. Antes del siglo XIII, en el blasón se podía observar una piedra surgida del agua junto a la inscripción:
Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son
En este primer escudo de Madrid documentado se alude a la abundancia de agua en la zona y la robustez de las murallas que rodeaban la ciudad.

La aparición del oso (u osa) en el escudo de Madrid
La figura del oso (o, más concretamente, la osa si atendemos a su conexión celeste) es el elemento más antiguo del actual escudo de Madrid. Fue incorporado a principios del siglo XIII, se cree que sobre 1212, y en aquel momento aparecía apoyado sobre sus cuatro patas. La elección de este animal se atribuye a la considerable población que había en los montes cercanos a Madrid, como El Pardo, algo corroborado en el Libro de la Montería del rey Alfonso XI. Además, siete estrellas formando el asterismo del Carro de la Osa Mayor aparecen en su interior.

Las crónicas históricas y algunas leyendas cuentan que las tropas madrileñas llevaban un estandarte con un oso en batallas clave de la Reconquista, como la de Las Navas de Tolosa en 1212. Se dice que era «el oso prieto en campo de plata». En este contexto, «prieto» hace referencia a un color oscuro casi negro, una palabra que proviene del latín vulgar pictu, que significa «pintado» o «manchado». Es un término que está en desuso en el español moderno pero que aún se mantiene en la lengua portuguesa con la palabra preto, que significa «negro».
La aparición del madroño
El origen de la icónica pareja del oso y el madroño se encuentra en una disputa histórica. A principios del siglo XIII existía un conflicto entre el Concejo de Madrid (el Ayuntamiento) y el Cabildo de la Clerecía Toledana (la Iglesia) por el aprovechamiento de los pastos y los árboles frutales del Real de Manzanares.
La disputa se resolvió con un acuerdo en 1222: los pastos se adjudicaron a la Clerecía; los «pies de árbol», es decir, la madera y los frutos, al Concejo, junto a los derechos de caza. Para conmemorar este pacto, se incorporó un árbol en el escudo de la ciudad. Sin embargo, la figura del oso se mantuvo inicialmente sobre sus cuatro patas. No fue hasta el siglo XV cuando el Concejo modificó su blasón, adoptando el oso erguido sobre sus patas traseras para simbolizar de forma clara la posesión de los árboles y los derechos de caza que se habían adjudicado. La Clerecía, por su parte, mantuvo la figura del oso a cuatro patas para representar su dominio sobre los pastos.

¿Una mala traducción?
La elección del madroño como árbol pudo deberse a una confusión de traducción. El árbol o arbustus pudo ser una especie genérica; el madroño o arbutus pudo adoptarse debido a una mala transcripción ya que no se trata de una especie arbórea abundante en Madrid. Sin embargo, el madroño, ya sea por confusión o no, arraigó fuertemente y desde entonces ambos elementos simbolizan la armonía y la concordia adoptada por la Clerecía y el Concejo.
La conexión celeste del escudo de Madrid
Como se puede ver en la imagen anterior, las estrellas dispuestas en el interior de la osa pasaron a formar parte de una bordura azul que contiene siete estrellas plateadas de seis puntas, documentadas por primera vez en el siglo XVI. Estos astros, debido a la cantidad, se siguen correspondiendo con los del asterismo del Carro de la Osa Mayor, lo que refuerza la idea de que la figura central del escudo no es un oso, sino una osa.
El hecho de incorporar una constelación al escudo, ya sea el Carro de la Osa Mayor o la Osa Menor, podría simbolizar la gran calidad del cielo de Madrid en el pasado. Aunque hoy en día esa calidad es muy pobre debido a la contaminación lumínica, en el siglo XVI la visibilidad sería excelente. Además, la presencia de estrellas en el escudo también conecta a Madrid con la astronomía, ligada al nacimiento en el año 950 del astrónomo, astrólogo y matemático Maslama al-Mayriti, fundador de una escuela matemática en Córdoba.
El sobrenombre de «al-Mayriti» significa «el madrileño», ya que la ciudad, durante la época musulmana, era conocida como Maŷriţ. Este nombre, a su vez, deriva de la palabra árabe maǧra, que significa «corriente de agua», haciendo referencia a la abundancia de este líquido en la zona.
El dragón de Madrid
Hubo una época en la que también aparecía un dragón alado que compartía blasón con el oso y el madroño. Según afirman algunos historiadores fue el resultado de una mala interpretación de la leyenda de Ocno Bianor, hijo de la ninfa Manto, quien fundó la ciudad de Mantua Carpetanorum, Madrid. Este dragón se incorporó al escudo en 1859 pero fue eliminado en 1967 debido a la incoherencia histórica que mostraba.

Debido a que la constelación de Dragón está situada entre las dos Osas, ¿podría también tener relación celeste?
Las fuentes del Carro
Actualmente existe un proyecto de crear fuentes ornamentales a lo largo de la ciudad. Cada una de ellas estaría situada en un lugar tal que formen el asterismo del Carro de la Osa Mayor. Además, el nombre de estas fuentes será el de las estrellas que lo componen y estarán distribuidas en estos distritos:
- Benetnash (también conocida como Alkaid): Distrito Latina.
- Mizar: Distrito Moncloa/Aravaca.
- Alioth: Distrizo Arganzuela.
- Megrez: Distrito Retiro.
- Phecda: Distrito Puente de Vallecas.
- Merak: Distrito Vicálvaro.
- Dubhe: Distrito San Blas/Canillejas.
La única salvedad es que las estrellas del escudo de Madrid tienen seis puntas mientras que la de las fuentes, tienen cinco, asemejándose más a las estrellas de la bandera de la Comunidad de Madrid, que también representan el asterismo del Carro de la Osa Mayor.
Otros elementos del escudo de Madrid
Como ya se ha visto, el escudo de Madrid es algo dinámico que ha ido cambiando a lo largo de la historia: el agua, las piedras, la osa, el madroño, el dragón y las estrellas. A lo largo de la historia ha albergado otros elementos que representaban a la realeza.
La corona real
Fue en 1554 cuando el rey Carlos I de España y V de Alemania distinguió a Madrid con los títulos de «coronada e imperial», otorgándole una corona real. La corona se dibujó sobre la copa del árbol, pero en el siglo XVII, según los cronistas de la época, se cambió a la cima del blasón. La corona simbolizaba la lealtad al rey y la condición de Madrid como Villa bajo el señorío real.

La corona cívica
En 1822 el rey Fernando VII otorgó la corona cívica a la Villa de Madrid en reconocimiento a la actuación de los vecinos en los sucesos del 7 de julio de 1822. Ese día la Milicia Nacional defendió los derechos constitucionales frente a la Guardia Real. La corona mostraba un trenzado en guirnalda de hojas de roble carmesí.
Cabe destacar que una corona no sustituyó a la otra, sino que ambas convivieron desde 1822 hasta 1967. La corona real permaneció en lo alto del blasón mientras que la cívica se impuso en la parte inferior del escudo.
La eliminación de elementos en el escudo de Madrid
Tanto el dragón mencionado anteriormente como las corona cívica permanecieron en el escudo hasta 1967. Ello se debe a que en 1961, el Ayuntamiento de Madrid con José María de la Blanca Finat y Escrivá de Romaní en la alcaldía, solicitó un informe a la Real Academia de la Historia (RAH). Su presidente, Dalmiro de la Válgoma, determinó.
- Eliminar el dragón por ser un error debido a la carencia de base histórica.
- Eliminar la corona cívica por su falta de antigüedad heráldica.
El escudo de Madrid oficial
El 28 de abril de 1967, el Ayuntamiento estableció la versión actual del escudo oficial. Este se compone de:
- Un campo de plata.
- Una bordura de azur, cargada de siete estrellas de plata.
- Un madroño de sinople frutado de gules.
- Un oso rampante.
- Una corona real antigua.

Aquel mismo 1967 se inauguró la icónica escultura del Oso y el Madroño en la madrileña Puerta del Sol. Fue diseñada por el escultor Antonio Navarro Santafé y está elaborada en bronce de cuatro metros de altura y 20 toneladas de masa.
Luego, en 1982 hubo una remodelación menor donde se suavizaron las líneas y los fondos, quedando en la forma que se mantiene actualmente:

El escudo de Madrid es una muestra de la historia de la ciudad. Desde sus orígenes legendarios ligados al agua, pasando por los conflictos medievales hasta llegar a las influencias reales. Cada elemento cuenta una parte de la narrativa madrileña.
La relación con la Osa Mayor permanece como un hilo conductor que conecta a Madrid no solo con la fauna y flora, sino también con el universo. Esto le otorga una dimensión cósmica y una identidad que trasciende lo terrenal.
Referencias
- Antonio Pérez Verde
- 08/08/2025
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