Jóvenes estrellas inesperadas

El universo se expande, y además lo hace aceleradamente. Pero no por eso las galaxias próximas entre sí viajan al mismo ritmo. Conclusión: pueden chocar. Es el caso de NGC 5291 y MCG-05-33-005, dos galaxias situadas a unos 200 años luz en dirección a la constelación de Centauro donde la primera de ellas viene representada por el óvalo dorado de la imagen de abajo; la segunda, por esa curiosa forma de “coma”. Se han visto implicadas en una colisión que ya dura 360 millones de años, provocado que se expulsen enormes chorros de gas al exterior que con el tiempo han creado un anillo de material a su alrededor. Ese anillo ha ido derivando en regiones de formación estelar y también en galaxias enanas, como NGC 5291N.

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Esquema donde se muestran las dos galaxias en colisión: NGC 5291 y MCG-05-33-005, así como la galaxia enana resultante, llamada NGC 5291N | Créditos: ESO.

Lo esperado sería que la galaxia enana NGC 5291N tuviera estrellas viejas originarias de las dos galaxias involucradas en la colisión. Sin embargo, no parece contener estrellas de avanzada edad. Así lo ha demostrado el espectrógrafo de campo integral MUSE (Multi Unit Spectroscopic Explorer) instalado en el VLT (Very Large Telescope), dando a conocer que la parte exterior de la galaxia tiene características típicamente asociadas con la formación de nuevas estrellas, algo que no encaja con los modelos teóricos actuales.

Por esto NGC 5291N se ha convertido en un importante laboratorio ya que tiene grandes similitudes con las grumosas estructuras de formación estelar que hay dentro de muchas de las galaxias del universo temprano. Y aunque este objeto ya había sido observado por el telescopio de 3,6 metros de ESO en el Observatorio La Silla, ha sido ahora, tras observarlo con el VLT y sus potentes instrumentos, cuando se han obtenido estos datos inesperados.

Como dato curioso, cuando imaginamos una colisión estelar no debemos pensar en estrellas que chocan o sistemas solares que se aniquilan entre sí. No ocurre nada de eso. Las estrellas en una galaxia están tan separadas entre sí que rara vez chocan unas con otras. Lo que ocurre es que la interacción gravitatoria de todas las estrellas de las dos galaxias provocan deformaciones que se traducen en chorros de material o anillos, como ha sido el caso de NGC 5291 y MCG-05-33-005. También tiene su parte artística, porque los modelos teóricos de colisiones galácticas nos ofrecen unos bailes que no dejan indiferente a nadie.

Este trabajo de investigación se ha presentado en el artículo científico titulado “Ionization processes in a local analogue of distant clumpy galaxies: VLT MUSE IFU spectroscopy and FORS deep images of the TDG NGC 5291N”, por J. Fensch et al., que aparece en la revista Astronomy & Astrophysics.

Referencias:
Ionization processes in a local analogue of distant clumpy galaxies: VLT MUSE IFU spectroscopy and FORS deep images of the TDG NGC 5291N (J. Fensch et al., 2015. DOI: 10.1051/0004-6361/201527141).
El VLT revisita una curiosa colisión cósmica.
VLT Revisits a Curious Cosmic Collision.

[Cabecera: Aspecto de la colisión de las galaxias NGC 5291 y MCG-05-33-005 junto a la joven y singular galaxia enana NGC 5291N | Créditos:  ESO]

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